No todo resulta como esperamos, nos resistimos a mantener nuestra esperanza viva, gritándole al mundo que mantienes en tu seguridad que todo saldrá bien, aunque nada apunte a eso... ¿enserio? No se me viene nada y a la vez todo, he dejado que la mente me soporte, que me diga que eso no está bien, que falta sólo recordar aquello para mantenerme firme. Funcionaba, deja de importar, ves mucho más allá y te percatas demás cosas. El problema, eres tú. Que seas así de lindo te hace culpable. Si me salen sonrisas de la nada con ese toque peculiar en los ojos, TÚ, ¡tu mendiga culpa! Si acaso comienza a hastiarme y quiero (con ganas) pelear hasta el cansancio, tú culpa; si han sido los mejores momentos del año y me ha costado caro, vamos hombre, seremos tremendamente culpables. Tengo ganas de seguir, de ser fuerte. Ganas de parar y dar pasos hacia otra dirección lejos de todo lo que planee, pasos hacia ti. Fuerzas para todo y lagrimas a cada que lo pienso. Siempre imaginé que seria mucho mejor que de alguna forma me haga odiar, que te traiga una decepción y un dolor inmenso que te mantenga -relativamente- fácil olvidarme, de ahí los dos dejaremos de interesarnos por el otro, declamo, cariño, que ese es el maldito problema. Sólo con despedirme de ti me vengo insoportablemente mal, no se tolera... porque te quiero.

Tienes mucha razón, Grissel.
ResponderEliminarEspero que pronto tengas más seguidores porque te los mereces.
Besos, Amanda.